Acapulco ya se vislumbraba desde el virreynato como un lugar paradisiaco, donde abordaban las grandes naves que surcaban los mares: Acapulco tiene una historia con vocación turística.
Galeón de Manila, denominación de la embarcación
que vinculó comercialmente los puertos coloniales hispanos de Acapulco (actual
Acapulco de Juárez, entonces perteneciente al virreinato de Nueva España) y
Cavite (en Filipinas), desde 1571 hasta 1813, en una ruta anual.
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UNA NUEVA RUTA COLONIAL
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En 1564, tuvo lugar el
inicio de una expedición formada por tres galeones, un patache y una fragata,
que partió de Acapulco al mando de Miguel López de Legazpi, llegó a Filipinas y
retornó al punto de partida un año después, atravesando por primera vez el
océano Pacífico en ambas direcciones. El piloto fray Andrés de Urdaneta supo
aprovechar para el regreso la corriente de Kuro-Shivo, que les condujo a las
costas de California, navegando a una latitud superior a la que habían seguido
las fracasadas expediciones anteriores. Con esta ruta quedó abierta la comunicación
directa entre las posesiones españolas en Oriente (Filipinas), el continente
americano y la metrópoli, así como el acceso a nuevos mercados de los que se
empezaron a importar gran cantidad de objetos suntuarios que provocaron una
salida muy elevada de plata desde los virreinatos, que las autoridades
coloniales intentaron evitar con numerosas disposiciones legales.
En 1571, se realizó el
viaje del primer Galeón de Manila, conocido también como Galeón o Nao de
Acapulco y Nao de la China o de la Seda. La travesía comenzaba en Acapulco en
el mes de marzo y finalizaba en Filipinas en julio, retornando durante un
periodo más largo, entre julio y enero, ya que el viaje de regreso (tornaviaje)
se enfrentaba con muchas dificultades por la acción de los vientos, de forma
que un pequeño retraso podía suponer una espera definitiva hasta el año
siguiente. La mayoría de los galeones se construyeron en los astilleros del
puerto de Cavite y tenían una capacidad muy variable, que llegó a oscilar entre
las 300 y las 1.700 toneladas.
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EL COMERCIO ENTRE ACAPULCO, MANILA Y LA PENÍNSULA IBÉRICA
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En el Parian (el mercado
filipino de Manila) se embarcaban los productos procedentes de toda Asia. De
allí salían grandes cantidades de porcelanas y tejidos de seda y algodón,
alfombras persas y chinas, objetos de mobiliario, como biombos, escribanías y
camas, así como estaño, plomo, hierro, salitre y pólvora, junto a especies
traídas de las Molucas, Java y Ceilán. A todo ello se sumaban los esclavos,
que, pese a las prohibiciones, se introducían sin problemas. En contrapartida,
el virreinato de Nueva España entregaba ingentes cantidades de plata junto a
cacao procedente de sus tierras y de Guayaquil, y productos llegados desde
España y de los más diversos puntos de América.
La llegada del galeón
a Acapulco era avisada desde el momento en que se aproximaba a las costas
novohispanas; a partir de ese momento repicaban las campanas de las iglesias y
la noticia se trasmitía a la capital del virreinato, donde comenzaban los
preparativos para la celebración de la feria de Acapulco, que coincidía con la
estancia del barco en su puerto. La población, que carecía de actividad durante
el resto del año, reunía a un gran número de comerciantes que, a pesar de las
limitaciones legales que pesaban sobre el comercio interregional, conseguían
llegar a tiempo con su carga. Esta feria podía durar entre 20 y 60 días y en
ella se concentraba todo el comercio con Asia, ya que Acapulco fue, desde 1581,
el único puerto autorizado para comerciar con Filipinas, especialmente tras la
prohibición definitiva del comercio directo del virreinato del Perú con el
archipiélago, en 1597. En 1624, también se prohibió el comercio entre el Perú y
Nueva España con la intención de controlar al máximo las salidas de plata del
virreinato peruano.
La gran riqueza que transportaba
el Galeón de Manila fue un objetivo permanente de los piratas. En el largo
periodo en que la ruta estuvo activa, sólo cuatro galeones cayeron en manos de
piratas, corsarios o bucaneros ingleses. En 1587, Thomas Cavendish se apoderó
del Santa Ana; en 1709, Woods Rogers del Encarnación; en 1743,
George Anson consiguió hacerse con el Nuestra Señora de Covadonga; y, en
1762, el Santísima Trinidad fue apresado con todo su cargamento.
El último galeón, el Rey
Fernando (apodado La Magallanes), partió de Manila en 1811 y regresó
de Acapulco en 1815. Desde 1813, las liberales Cortes de Cádiz, creadas en
plena guerra de la Independencia española, habían decidido su desaparición en
favor del comercio libre.
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