miércoles, 24 de julio de 2013

El Galeón de Manila



Acapulco ya se vislumbraba desde el virreynato como un lugar paradisiaco, donde abordaban las grandes naves que surcaban los mares: Acapulco tiene una historia con vocación turística.


Galeón de Manila, denominación de la embarcación que vinculó comercialmente los puertos coloniales hispanos de Acapulco (actual Acapulco de Juárez, entonces perteneciente al virreinato de Nueva España) y Cavite (en Filipinas), desde 1571 hasta 1813, en una ruta anual.

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UNA NUEVA RUTA COLONIAL
En 1564, tuvo lugar el inicio de una expedición formada por tres galeones, un patache y una fragata, que partió de Acapulco al mando de Miguel López de Legazpi, llegó a Filipinas y retornó al punto de partida un año después, atravesando por primera vez el océano Pacífico en ambas direcciones. El piloto fray Andrés de Urdaneta supo aprovechar para el regreso la corriente de Kuro-Shivo, que les condujo a las costas de California, navegando a una latitud superior a la que habían seguido las fracasadas expediciones anteriores. Con esta ruta quedó abierta la comunicación directa entre las posesiones españolas en Oriente (Filipinas), el continente americano y la metrópoli, así como el acceso a nuevos mercados de los que se empezaron a importar gran cantidad de objetos suntuarios que provocaron una salida muy elevada de plata desde los virreinatos, que las autoridades coloniales intentaron evitar con numerosas disposiciones legales.

En 1571, se realizó el viaje del primer Galeón de Manila, conocido también como Galeón o Nao de Acapulco y Nao de la China o de la Seda. La travesía comenzaba en Acapulco en el mes de marzo y finalizaba en Filipinas en julio, retornando durante un periodo más largo, entre julio y enero, ya que el viaje de regreso (tornaviaje) se enfrentaba con muchas dificultades por la acción de los vientos, de forma que un pequeño retraso podía suponer una espera definitiva hasta el año siguiente. La mayoría de los galeones se construyeron en los astilleros del puerto de Cavite y tenían una capacidad muy variable, que llegó a oscilar entre las 300 y las 1.700 toneladas.

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EL COMERCIO ENTRE ACAPULCO, MANILA Y LA PENÍNSULA IBÉRICA
En el Parian (el mercado filipino de Manila) se embarcaban los productos procedentes de toda Asia. De allí salían grandes cantidades de porcelanas y tejidos de seda y algodón, alfombras persas y chinas, objetos de mobiliario, como biombos, escribanías y camas, así como estaño, plomo, hierro, salitre y pólvora, junto a especies traídas de las Molucas, Java y Ceilán. A todo ello se sumaban los esclavos, que, pese a las prohibiciones, se introducían sin problemas. En contrapartida, el virreinato de Nueva España entregaba ingentes cantidades de plata junto a cacao procedente de sus tierras y de Guayaquil, y productos llegados desde España y de los más diversos puntos de América.

La llegada del galeón a Acapulco era avisada desde el momento en que se aproximaba a las costas novohispanas; a partir de ese momento repicaban las campanas de las iglesias y la noticia se trasmitía a la capital del virreinato, donde comenzaban los preparativos para la celebración de la feria de Acapulco, que coincidía con la estancia del barco en su puerto. La población, que carecía de actividad durante el resto del año, reunía a un gran número de comerciantes que, a pesar de las limitaciones legales que pesaban sobre el comercio interregional, conseguían llegar a tiempo con su carga. Esta feria podía durar entre 20 y 60 días y en ella se concentraba todo el comercio con Asia, ya que Acapulco fue, desde 1581, el único puerto autorizado para comerciar con Filipinas, especialmente tras la prohibición definitiva del comercio directo del virreinato del Perú con el archipiélago, en 1597. En 1624, también se prohibió el comercio entre el Perú y Nueva España con la intención de controlar al máximo las salidas de plata del virreinato peruano.

La gran riqueza que transportaba el Galeón de Manila fue un objetivo permanente de los piratas. En el largo periodo en que la ruta estuvo activa, sólo cuatro galeones cayeron en manos de piratas, corsarios o bucaneros ingleses. En 1587, Thomas Cavendish se apoderó del Santa Ana; en 1709, Woods Rogers del Encarnación; en 1743, George Anson consiguió hacerse con el Nuestra Señora de Covadonga; y, en 1762, el Santísima Trinidad fue apresado con todo su cargamento.
El último galeón, el Rey Fernando (apodado La Magallanes), partió de Manila en 1811 y regresó de Acapulco en 1815. Desde 1813, las liberales Cortes de Cádiz, creadas en plena guerra de la Independencia española, habían decidido su desaparición en favor del comercio libre.


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